Agosto 16, 2017

Alberto Cruz. El cuerpo del arquitecto no es el de un solo hombre.

Los papeles de Alberto Cruz están atravesados por su obra colectiva, aquella revolución de la arquitectura conocida internacionalmente como la Escuela de Valparaíso, cuyo legado vivo permanece en la Escuela de Arquitectura que re-fundó, el grupo Amereida y la Ciudad Abierta. Fue en esa experiencia de “unidad de vida, trabajo y estudio”, a la que dedicó toda una vida, en que se fundamenta la pedagogía radical que Alberto Cruz desarrolló durante más de medio siglo. Para él la vida (y la arquitectura) no se puede aprender en las aulas, sino saliendo al mundo a recorrerlo.

En su deambular cotidiano Cruz llevaba consigo –al menos– tres cuadernos, hoy existen más de 2000 cuadernos escritos, rescritos, tachados, dibujados y desdibujados por él entre 1934 y 2013. Un fragmento de ellos constituyen el pulso de esta exposición que propone un recorrido, entre múltiples posibles, para explorar su obra. Esta, al igual que sus cuadernos, es continua, abierta e inconclusa, única, múltiple y, en su conjunto, posee la extensión de una sola frase sin comienzo ni fin. Constituye así “una escritura de la simultaneidad”, el modo en que Alberto Cruz definió el dibujo.

Cruz creía que la arquitectura es un acto que debe “manifestar al hombre en su cuerpo”. Es seria su escala humana. La exposición “el cuerpo del arquitecto no es el de un solo hombre” busca seguirle el pulso a la escala humana de Alberto Cruz. La frase que da origen al título de la exposición sale del colofón del material pedagógico “Estudio acerca de la observación arquitectónica” de 1979, publicado por el instituto de Arte de la Universidad Católica de Valparaíso en 1981.

Para la apertura de la exposición se lanzará un catálogo que permitirá acceder al legado material de Alberto Cruz, con un énfasis especial en sus cuadernos hasta ahora desconocidos. La publicación además cuenta con ensayos monográficos sobre la obra de Cruz de: Pablo Lafuente, curador y escritor que viajó a Chile especialmente para sumergirse en el material inédito; el profesor y arquitecto Fernando Pérez Oyarzun, un gran conocedor de la obra de Cruz; y de la curadora de la exposición María Berríos, quien –junto a la historiadora del arte Amalia Cross– dedicaron un año a investigar el riquísimo y vasto material de archivo resguardado por la Fundación que lleva el nombre del arquitecto, explorando el espacio enigmático creado por la escritura-dibujo de Alberto Cruz.

 

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